POR QUÉ ESTA TAREA IMPORTA
Tomar una decisión es relativamente fácil. Justificarla de forma sólida no lo es. En entornos profesionales, una decisión sin un argumento claro genera dudas, resistencias o bloqueos, incluso cuando es la correcta. El problema no suele estar en la decisión en sí, sino en la incapacidad de explicar por qué es la mejor opción dadas las circunstancias.
Un argumento sólido no consiste en acumular razones, sino en construir un razonamiento coherente que conecte contexto, criterio y conclusión. Exige identificar el problema real, considerar alternativas y explicar por qué la decisión elegida es la más adecuada. Este proceso requiere claridad mental y estructura, algo difícil de mantener cuando hay presión por avanzar o múltiples opiniones en juego.
La IA puede ayudar a ordenar este razonamiento, pero solo si recibe un marco claro. Pedir “construye un argumento para esta decisión” suele producir textos correctos, pero genéricos, que no resisten preguntas críticas. No falla la IA: falla una instrucción que no define qué debe sostener el argumento ni ante quién debe sostenerse.
DÓNDE AYUDA LA IA
La IA es especialmente útil cuando necesitas articular un argumento claro y defendible para explicar, justificar o respaldar una decisión ante otras personas.
LO QUE SUELE HACER MAL LA GENTE
Un error habitual es empezar el argumento por la conclusión sin explicar el razonamiento que la sostiene. Esto genera rechazo inmediato en quien escucha, porque percibe una decisión impuesta, no razonada.
También se suele construir el argumento desde un único punto de vista, ignorando alternativas o riesgos. Lejos de fortalecer la decisión, esto la debilita, porque deja flancos abiertos ante cualquier objeción.
Otro fallo frecuente es pedir a la IA que “refuerce” una decisión sin explicar el contexto ni los criterios utilizados para tomarla. Sin ese marco, la IA rellena el argumento con afirmaciones genéricas que no conectan con la situación real.
QUÉ NECESITA UNA BUENA INSTRUCCIÓN
Una buena instrucción debe comenzar por definir el contexto de la decisión: qué problema se resuelve, qué restricciones existen y qué está en juego. Sin este punto de partida, no hay argumento posible.
También debe aclarar las alternativas consideradas y por qué no se eligieron. Un argumento sólido no oculta alternativas; las integra para reforzar la conclusión.
Por último, es esencial especificar el criterio de decisión: impacto, riesgo, coste, urgencia, alineación estratégica u otro. Ese criterio es el eje que da coherencia a todo el razonamiento. Con estas coordenadas, la IA puede construir un argumento claro y defendible.
QUÉ CAMBIA CUANDO PIDES BIEN
Cuando la instrucción está bien formulada, el argumento deja de ser un texto explicativo y se convierte en un razonamiento convincente. La decisión se entiende como consecuencia lógica del análisis, no como una preferencia personal.
Esto reduce fricción, anticipa objeciones y facilita el alineamiento. El argumento gana solidez porque responde a las preguntas que importan antes de que se formulen.
CÓMO LO RESUELVE IA FÁCIL
IA Fácil aborda el problema en su origen: la falta de estructura al construir argumentos. El método te guía a clarificar el contexto, identificar alternativas, definir criterios y ordenar el razonamiento antes de dirigir a la IA.
La herramienta transforma esa claridad en una instrucción profesional, coherente y reutilizable, evitando argumentos vagos o poco defendibles. La IA no decide por ti: te ayuda a pensar mejor y a explicar mejor por qué decides como decides.